Es de idiotas enamorase de una cubana.

Es de idiotas enamorase de una cubana.

En este post voy a relatar una historia usual en Cuba, explicándote que es de idiotas enamorarse de una cubana y de eso te das cuanta siempre tarde.

es de idiotas enamorarse de una cubana

Mi amigo había ido a pasar sus vacaciones desde España a Cuba y eligió Santiago de Cuba por la proximidad a Madrid, su intención, como la de todos, era tener una aventura y romper con esa monotonía de la vida en España cuando ya pasas de los 50 años, al final se dio cuenta que es de idiotas enamorase de una cubana.

En Europa las mujeres a los 50 ya no te miran, a no ser que tengan tu edad o sean mayores y eso produce en el hombre un desasosiego, pues siempre está dentro esa vocecilla recordándote que todas esas jóvenes que ves en la calle ya no están a tu alcance, pero en Cuba sabes que sí, por lo que te olvidas de todo tipo de consejos y te embarcas en una aventura de la que siempre sales mal parado.

Cuando paseaba por las calles de Santiago se encontró con una mulata muy linda que le hizo un comentario, mostrándole una esplendorosa dentadura blanca enmarcada en dos labios gruesos y muy sensuales, él no entendió mucho lo que le decía, hasta que se percató de que simplemente le preguntaba cómo se sentía, que es la forma en la que ellos preguntan ¿qué tal?, ¿cómo estás?.

Enseguida comenzó una conversación alegre y distendida que cada vez se iba haciendo más familiar, como si se conociesen de toda la vida y es que las cubanas son maestras en el arte de hacerte sentir bien, relajado, como si fueseis amigos de toda la vida.

La muchacha era alta, esbelta, muy formada y con unos pechos especialmente seductores que su escote lucía hasta el esternón, en Cuba es muy normal ver a mujeres mostrando gran parte de sus pechos sin pudor, inclusive yendo con sus maridos.

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Como la conversación continuaba con amenidad, mi compañero la invitó a seguir conversando en un bar, pues el calor era insoportable y así, después de cuatro mojitos, en un bar que ella le había indicado y en la que los camareros la conocían perfectamente y les atendían entre sonrisas y amabilidad, ella le dijo que tenía que irse a su casa pues era la hora de comer y ya estaba con hambre.

Mi compañero no quería dejarla ir, pues se sentía muy bien y acababa de llegar a la ciudad, donde no conocía a nadie, así que, sin percatarse de que estaba andando por el camino que ella le marcaba, la invitó a comer.

Ya había pagado los cuatro mojitos y ahora se disponía a invitarla a comer, pero como no conocía la ciudad le pidió que ella eligiese un restaurante que no fuese muy caro, por lo que la bella mulata lo llevó hasta un paladar donde, de todos los platos de la carta, eligió el más caro, compuesto de marisco.

Entre cervezas, sonrisas, caricias y halagos que la cubana le brindaba, las horas fueron pasando y ya el calor de la tarde invitaba a refugiarse y descansar, por lo que la bella cubana le ofreció acompañarle hasta su “renta”, casa de alquiler. Al despedirse, en la puerta, la cubana besó apasionadamente a mi amigo y mientras ella le acariciaba la nuca y le metía la lengua hasta la garganta él no pudo evitar tener una erección, momento en el que dejó de pensar lo poco que pensaba con la cabeza para empezar a pensar con el “hermanito calvo” que se encuentra entre las piernas, por lo que emocionado y tocando las nubes, la cogió de la mano y la introdujo en la vivienda, por consiguiente mi compañero seguía andando el camino, cada vez más profundo, que la cubana le había marcado desde el primer momento.

A partir de ese dia ya no conoció a ninguna mujer más, pues la muchacha se había instalado en su vida, por alguna extraña razón no tenía que volver a su casa y permanecía con él las veinticuatro horas del día saliendo a bailar en las noches, a recorrer la ciudad por las mañanas y a pasar el día comiendo y bebiendo que es lo único que se puede hacer en Cuba, además de follando mucho, pero en esta ocasión con exclusividad.

De esta manera, un viaje turístico sexual se convierte, como en tantos casos en Cuba, en un monopolio de la cubana de turno, no permitiéndote gozar de esa libertad que creías tener y que cuando coges el avión de regreso te deja un sabor agridulce por no haber podido tener sexo con aquellas otras bellezas que te miraban como si fueses el hombre más lindo del mundo porque paseabas de la mano de tu cubana que te había monopolizado, por lo que te das cuanta que es de idiotas enamorase de una cubana.

Tras estas artimañas de la cubana, en seguida comenzaron las conversaciones sobre lo difícil que es la vida en Cuba y sus pequeñas necesidades, por lo que mi amigo, con gran placer, como cordero dirigido por pastor, fue llevándola de tienda en tienda comprándole el biquini que necesitaba para mañana ir a la playa, el bolso que hacía juego con sus zapatos y finalmente unos zapatos nuevos pues esos estaban muy desgastados.

También intentó la bella cubana que mi amigo invitase a su madre a comer un día, pues ella nunca había ido a comer a un restaurante y tras tres días sucumbió y se hizo realidad la comida tan deseada por ella en la que se habló de planes de futuro, de la casa de “su novio” en España, del enorme amor que había surgido entre ellos y de las promesas de volver en breve, promesas que solo salían de la mente de la mulata, pues mi amigo no había pronunciado una palabra al respecto.

El hecho de que es de idiotas enamorase de una cubana es tan claro que, a su regreso a España mi compañero no paraba de telefonearme contándome cómo no podía vivir sin ella, diciéndome que pasaba los días y noches pensando en su cuerpo, en la forma salvaje unas veces y dulce otras que hacían sexo y pidiéndome consejo, por lo que le pedí calma, le dije que el tiempo lo cura todo y le hablé de las artes de mentir de las y los cubanos, pero cada vez que tocaba ese tema se ponía muy incómodo y no me dejaba hablar, así es que me percaté de que la cubana había hecho su trabajo y yo no podía hacer nada por salvar a mi amigo.

En menos de un año se casaron y en menos de seis meses la cubana desapareció de la vida de mi amigo, sumiéndolo en un caos de contradicciones de las que él solo salió después de dos años de depresión.

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La diferencia de edad, veinte años, era lo único que le había hecho dudar a la hora de casarse, nunca pensó que eso es lo menos importante, pues siempre es de idiotas enamorase de una cubana, ya que todo, desde el principio hasta el final, es pura mentira e hipocresía con la única finalidad de salir de la isla a toda costa y por encima de todo.

Si deseas leer mis experiencias en Cuba y conocer de primera mano cómo es Cuba y su sociedad te invito a que leas mi libro La Gran Prisión.

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