La historia de Cuba es una, pero no aquella que el régimen tirano de los Castro, denominado Revolución, viene contándole a sus ciudadanos durante sesenta años.

Fidel anuló toda capacidad de pensamiento en el pueblo cubano.

Se erigió en juez, señor y amo del pueblo cubano. Destruyó el carácter de un pueblo al que culpaba de todos los errores y él se alzó como infalible ante los ojos de sus ciudadanos.

En Cuba se creó un dios que todo lo podía resolver y cuyas decisiones no necesitaban ser amparadas por el pueblo mediante los tribunales o las instituciones democráticas.

Para imponer esta imagen instauró una tiranía del miedo, de la persecución, del fusilamiento, de la prisión sin más fundamentos que el convencimiento de que se estaba discutiendo su autoridad.

Este sistema continúa actualmente y el pueblo cubano no osa discutirlo, de ahí su subyugación al poder castrista.

Muchos fueron los que perdieron su vida por discordar con las ideas de Fidel y él, en un alarde de despotismo, los nombró héroes.

Héroes que él mismo se encargó de hacer desaparecer.

La foto de Fidel debía, obligatoriamente, estar en todas y cada una de las casas de los cubanos, de otro modo la «Revolución» te tacharía de disidente y te esperaba la prisión perpetua.